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domingo, 24 de abril de 2011

En la Cima de la Danta

(Artículo publicado en Revista Petén Itzá 2011 - Sobre mi primer viaje a El Mirador)

El viento en la cima de La Danta es huracanado y muy fresco. Esta pirámide es el punto más alto en muchos kilómetros a la redonda y la razón por la que chicleros de antaño llamaron a la ciudad: El Mirador... Muchos metros abajo ves las copas de los árboles sobre las que caminan las sombras de las nubes... Tu vista se pierde en la inmensidad de un océano de selva; giras 360 grados..., ¡todo es selva! y, bajo tus pies, el testimonio del mayor esfuerzo humano que hayan visto estas tierras; el testimonio de un pasado glorioso, de una civilización que construyó más pirámides que los egipcios, que desarrolló la escritura más bella de la antigüedad y con ella escribió su historia en piedra; una civilización que observaba el cielo y que utilizaba calendarios con una precisión que pasma, que comía un alimento sagrado llamado maíz; que jugaba pelota recordando el triunfo de los héroes gemelos sobre los señores de Xibalbá; una civilización que se erigió como la más avanzada de la antigua América y la Cuenca de El Mirador es su cuna, nació y creció aquí en Petén; caminó sobre el suelo en que tú caminas. Una civilización que un día se fue, murió con el atardecer y no ha vuelto a nacer con el sol.

Ayer llegamos a esta ciudad gigante; hemos caminado cerca de 60 kilómetros y por el camino visitamos grandes ciudades como Tintal y la anciana Nakbé. Parte de la larga caminata ha sido sobre las enormes calzadas mayas, calzadas de entre 25 y 40 metros de ancho, que se elevan varios metros sobre el suelo de la selva y algunas se extienden más de veinte kilómetros. Son tan grandes que puedes verlas en el relieve de la selva en fotos satelitales de la región y después de 2,000 años sin mantenimiento, siguen siendo el mejor lugar para caminar, a pesar de que la selva ya ha reclamado lo que es suyo.

Recuerdo cuando visité por primera vez la hermosa ciudad de Tikal, me impactó su bella y monumental arquitectura entre la selva petenera, que le da su toque de misterio, de encanto. Aquí en El Mirador son pocas las estructuras que ves descubiertas, muchas de ellas solo parcialmente, pero es suficiente para darte cuenta de lo monumental de esta ciudad ya que es mucho más grande que Tikal. Sorprende la cantidad de mano de obra y demás recursos que se necesitaron para emprender proyectos gigantes como la construcción de La Danta, El Complejo Tigre, las grandes plataformas sobre las que se asienta la ciudad o las enormes calzadas que la comunican con otras ciudades de la cuenca, calzadas que muestran como estas grandes ciudades se relacionaban formando un verdadero y poderoso Estado llamado Reino Kan (Reino de la Serpiente) con un nivel de cooperación y de poder que nunca más los mayas volvieron a alcanzar ni siquiera cuando los pesos pesados del clásico, Tikal y Calakmul, tuvieron su época de apogeo. Aquí pasó algo muy... muy... grande.

Cuando los mayas del preclásico aparecían en los libros como un pueblo primitivo que posteriormente se convertiría en una de las antiguas grandes civilizaciones del mundo, siempre me intrigó como en el período clásico ciudades enemigas como Tikal y Calakmul habían llegado a adoptar el mismo sistema de escritura, pero cuando aparecieron El Mirador y demás ciudades de la cuenca del mismo nombre, que demostraron que la información de esos libros estaba equivocada; mi pregunta fue contestada. La escritura de los mayas debió haberse estandarizado aquí en el Reino Kan, gracias al poder de su capital, El Mirador. Además cuando éstas ciudades estaban en su apogeo ya existían Tikal y Calakmul, ésta última ciudad incluso era parte del mismo Reino Kan. Ver la escritura del preclásico era uno de mis objetivos en el viaje y tendría esa dicha en un lugar llamado La Muerta, en una escultura sobre la roca del suelo que un habitante de Carmelita llamado Angel Centeno descubriría un día de descanso del duro trabajo en El Mirador. Se aventuró por los alrededores de la gran ciudad buscando ganarse unos quetzales pues los arqueólogos les pagan por hallazgos de ese tipo y dió con la escultura sobre la roca donde puede verse un panel con escritura que contiene el glifo emblema de aquel poderoso Estado y que seguiría siendo usado por Calakmul después de que El Mirador y otras ciudades de la Cuenca ya habían caído.

Hoy es nuestro cuarto día de viaje y todos nos hemos desconectado por completo de nuestra vida cotidiana. Es como si este mundo te absorbiera después de ver los atardeceres y amaneceres sobre las pirámides, después de ver un cielo repleto de estrellas, después de respirar aire puro..., aire fresco..., después de dormir arrullado por el sonido de los grillos que inunda el entorno y después de despertar con la selva; después de disfrutar de una buena charla alrededor de una fogata mientras ves como la tenue y danzante luz de ésta ilumina el entorno misterioso de una ciudad maya. Te acostumbras a esto rápidamente, te vuelves parte de este mundo y cuando ello sucede, encuentras paz y esa paz es el mejor descanso para tu alma, aunque tus pies pidan relevo. Es como si nuestras vidas se hubieran quedado allá afuera de esta selva, esperándonos junto a la rutina y las preocupaciones, pero nosotros no queremos volver.

Todos en nuestro grupo se encuentran en buena forma ya que el viaje es largo y extenuante. Según la información que nos ha dado Hugo Trujillo, nuestro guía comunitario, el trayecto será de 114 kilómetros, pues el serpenteante camino alarga las distancias entre las ciudades.

Quizás algunos que hayan estado pensando venir a El Mirador pensarán:

¡¡114 KILÓMETROS!!
¿Qué sería de mí, un pobre animal de oficina?

La verdad es que tampoco es para morirse, la ruta que nosotros hemos tomado pasa por Nakbé, pero si no incluyes en tu trayecto esta ciudad, recibes un descuento, solo caminas cerca de 90 kilómetros, pero no te aconsejo que te pierdas el amanecer espiritual sobre la gran pirámide de Nakbé.

Los primeros dos días serán los más duros, porque es muy probable que no estés acostumbrado a caminatas tan largas y cuando te levantes por las mañanas, tus primeros pasos serán los de un anciano de 80 años, pero al tercer día resucitarás, notarás como tu cuerpo y tu mente se preparan para largas distancias y tendrás un mejor rendimiento físico. Para cuando la travesía termine, caminatas diarias de 20 kilómetros te darán risa y compartirás la opinión de los que hemos venido: el esfuerzo físico es una de las mejores cosas de visitar El Mirador.

Si calculas que no tienes la capacidad física o la actitud necesaria, puedes ir en helicóptero, pero te perderás de buena parte de la magia del lugar, además "eso no es aventura", como dice una de las alemanas del grupo; a menos que el helicóptero se caiga claro está. Otra opción es ir a caballo aunque, si no estás acostumbrado, después de dos días preferirás caminar.

La caminata es muy saludable y te levanta el ánimo darte cuenta que puedes caminar largas distancias. Empiezas en la Aldea Carmelita y por el camino vas viendo la vegetación y los animales que al verte desaparecen rápidamente entre la maraña. Cada día debes llegar a un determinado campamento, pues solo puedes acampar ahí por cuestiones de protección del lugar, además en los campamentos encuentras servicios básicos como letrina, ducha, un lugar para cocinar, espacio para que las mulas descarguen y para que puedas colocar tu carpa. En los campamentos te encontrarás con otros aventureros, unos que van y otros que regresan, por lo que podrás intercambiar opiniones, principalmente con los que vienen de regreso, pues ellos te pueden proporcionar información sobre lo que está adelante; sobre aquellos lugares que no puedes perderte o cosas, como una ducha levantamuertos en El Mirador.

El camino de Tintal hacia Nakbé fue el más extenuante que hemos caminado; nuestro guía nos dijo que ese día caminamos 34 kilómetros. Además de lo largo del camino, el suelo en época seca es duro e irregular por lo que es un castigo para tus pies, aún así Nakbé es imperdible, por lo que esa ciudad representa en la historia de los mayas; además acampas en una plaza a un costado de la gran pirámide y sobre la pirámide puedes ver un atardecer de 10 puntos y un amanecer de 12. Es espiritual ver despertar la selva desde la cima de la pirámide de Nakbé, surgiendo entre la neblina, contrastando con el cielo rojo, mientras el disco solar se eleva y las aves cantan..., enmudeces.

El camino de Nakbé hacia El Mirador es por una calzada con partes bastante destruidas, pero te das cuenta que vas sobre la calzada porque ves pequeños terrones blancos entre las hojas del suelo. Este camino no es tan extenuante, pues Nakbé está cerca de El Mirador, relativamente hablando...

Cuando llegas a El Mirador notas un cambio en la vegetación, ya que los árboles son más altos aquí, además la fauna es más confiada que en el trayecto. Hoy en la mañana he visto un pequeño zorro, un travieso pizote que ha husmeado cerca de mi cabeza mientras me encontraba en la carpa; unas aves grandes llamadas cojolitas, tucanes, monos araña y saraguates, además unos 30 pavos ocelados cerca del campamento que caminan por ahí como reyes, porque llegas a acercarte mucho y ellos solo mantienen lentamente la distancia, incluso el arriero me ha comentado que algunos días suelen reunirse cerca de 150, lo cual es un espectáculo imperdible, pero bueno, 30 me parecen suficientes.

El mayor premio aquí en El Mirador es subir esta pirámide, La Danta, y poder ver desde estas alturas la selva petenera encapsulando las ciudades mayas. Esta enorme selva es un auténtico océano de vida, ya que cada árbol en ella es un ser vivo que coexiste con infinidad de formas de vida. Estás frente al gran tesoro de Petén y vale su peso en "vida".

Cuando viajaba del área central de Petén hacia Carmelita iba muy atento observando el impacto que las comunidades han tenido en el ambiente, ya que pensaba escribir al respecto, tú sabes, lo que medio mundo escribe: "es que los campesinos deben darse cuenta que ahí está el futuro de sus hijos", "se debe buscar formas de hacer rentables esos recursos para que no los destruyan", "el avance de la frontera agrícola...","algunos campesinos solo queman y luego les venden a los ganaderos...", estadística de esto, estadística de aquello...y una larga fila de afirmaciones que medio mundo ya se sabe de memoria, pero cuando estás acá, ves la viga en tu ojo.

¿Alguna vez te has puesto a pensar que la zona de mayor daño ambiental de Petén es el área central?

¿Con qué derecho llegaremos a las comunidades rurales a pedirles que cuiden el ambiente si nosotros estamos peor?

Ellos con todo derecho nos pueden reprochar:

-¿Por qué ustedes han creado ese desastre ambiental en el área central de Petén si les importa tanto el ambiente?
-¿Cómo nos piden que no quememos parte de la selva para sembrar si ustedes agreden el ambiente con concreto y asfalto, pues aún después de un incendio la vida puede surgir del suelo fácilmente?
-¿No cortan ustedes los árboles para construir o para que pasen sus amados cables de energía y teléfono?
-¿Cuántos de ustedes se compran un carro o una moto solo por presumirle a sus amigos sin pensar en el daño a la naturaleza?
-¿Han visto cuánta basura generan?
-Ambientalistas de automóvil... Predican pero no se convierten...
-¡Ahora solo falta que vengan a la aldea los de la capital a enseñarnos como se cuida el ambiente viviendo ellos en la ciudad que es el peor desastre ambiental del país!

La realidad es esa petenero, mientras nosotros no resolvamos el problema ambiental del área central, no tendremos ni el derecho ni el conocimiento para exigir de una comunidad del área rural la preservación de las selvas peteneras y no culpes a los campesinos por provocar grandes daños al ambiente en busca de alimento o cosas que no sean indispensables para la vida, porque eso lo aprendieron de nosotros cada vez que han venido de compras al área central, cuando ven cómo vivimos y qué cosas valoramos. El hecho de que no importe destruir la vida para hacer dinero es una forma de pensar que encontrarás fácilmente en el espejo y ojalá tengas el valor de verla a los ojos, porque esa es la forma de pensar que está destruyendo el tesoro de Petén y a nosotros, porque cuando el dinero es lo importante en tu vida, no te importa el bienestar de los demás.

Espero regresar varias veces a la cima de esta pirámide, pero cada vez que regrese me aseguraré de no pararme frente a este océano de vida sin haber hecho algo en su beneficio. Asumiré mi deuda ambiental; empezaré a desarrollar nuevos hábitos; caminaré hacia el trabajo, iré a la tortillería con una manta para que no me den una bolsa de nylon, mandaré a hacer bolsas de algodón para cuando vaya de compras; escribiré para que talvez los centros comerciales asuman su compromiso con el tesoro de Petén y empiecen a usar bolsas biodegradables, además de crear una sección de este tipo de materiales. Escribiré para que, por un momento, las personas piensen en disfrutar de toda esta vida sin destruirla, para que la revaloren no tratándola como "bienes" o "recursos naturales" que deben ser "rentables", sino como seres que merecen vivir. Escribiré para que, talvez, aquí donde un día nació la gran cultura de la América antigua, surja una nueva con una forma de pensar tan diferente que en el solo hecho de pensarla ya haya un cambio y se bien que no se necesita mucha gente para lograrlo, solo unos cuantos que asuman el reto de mejorar sus vidas, sin necesidad de decir palabra alguna, tan solo actuando diferente en sus vidas cotidianas, educando con el ejemplo... Solo unas cuantas semillas de donde surja un pequeño bosque que empiece a dar sombra en medio del concreto y el asfalto; gente que piense diferente, gente que quiera ver a la vida sonreír... en una gota de agua..., en una hoja tierna..., porque esta tierra sin su selva... no es Petén.


viernes, 18 de febrero de 2011

Libro: Visitando El Mirador


Cómo a muchas personas en Guatemala les gustaría saber como es el viaje hacia El Mirador, he escrito este libro que es una crónica del viaje, para que cobren idea de cómo es visitar este magnífico lugar.

En este libro he experimentado con muchas imágenes de forma que busco ahorrar mucho texto en descripciones colocando en su lugar una imagen, siguiendo el dicho de que una imagen vale más que mil palabras. Las fotografías proporcionan infinidad de detalles y a la vez sirven para documentar la zona fotografíada, de forma que dentro de mucho tiempo sea referencia de cómo era en este tiempo.

Si en caso a alguien le gusta alguna foto del libro, la pueden obtener en alta resolución en el enlace del álbum fotográfico en este blog y siéntanse libres de utilizarlas, libertad que he extendido a todo el libro, el cual lo pueden copiar, distribuir y exhibir sin fines lucrativos.

Creo que El Mirador debe ser conocido por más gente, pero es más la gente que debe aprender a respetarlo y espero contribuir a ambas cosas con este libro.

Que lo disfruten.

Ver todas las fotografías del viaje.

lunes, 15 de febrero de 2010

Visitando al Tío Meme y la Tía Lidia

En mis vacaciones de fin de año (2009), tomé mi maleta, dejando siempre un espacio para guardar unas cuantas buenas experiencias que traer de regreso a Petén. Me dirigí hacia la ciudad capital donde haría una escala de un día para luego dirigirme hacia mi tierra natal, Escuintla, ¿mi destino en ese departamento? Me dirigía hacia Sipacate, La Gomera, donde vive mi madre, y luego me dirigiría a mi lugar preferido: Aldea Las Trozas, El Semillero, por haber dejado enterrados ahí, en la playa, muchos buenos recuerdos de mi niñez.

De Sipacate partí junto a mi madre hacia Las Trozas a visitar a los tíos, quienes fueron para mí como unos segundos padres y a quienes recuerdo con especial cariño, tantos buenos recuerdos...

Las Trozas es un lugar para deshacerse del estrés, es una aldea de salineros y pescadores cuyas charlas tienen de fondo el bramar del mar, ya que la aldea se encuentra distribuida a lo largo de la costa.

El tío Meme y la tía Lidia viven cerca del centro de la aldea en una casa grande a la que le sobran cuartos ya que mis tres primos han partido y se encuentran en el gran país del norte. Casa que, aunque un poco sola, durante las inundaciones del huracán Mitch fue refugio para muchas personas de la aldea y un centro de distribución de alimentos.

El corredor de la casa es largo y en él, la infaltable hamaca. El mar está a solo 50 metros de la casa, por lo que el ambiente es caluroso pero fresco, gracias a la húmeda brisa del mar. Si llevas estrés, éste vuela como una bandada de pájaros asustados en ese entorno.

El 60% del peso de mi maleta son libros, ya que el tío Meme es un lector apasionado y el año anterior le había prometido tan preciosa carga debido a que en la aldea es difícil encontrar libros y la comunidad de lectores del lugar viajan a veces hasta otras aldeas para intercambiar libros con otros lectores.

La tía Lidia, una mujer a quien admiro y respeto pues tengo impregnada en mi niñez su imagen de mujer luchadora, valiente, decidida, cariñosa y buena consejera, además de una cocinera sin par en los alrededores, aunque ya un poco cansada por los años, sigue teniendo la sonrisa de una buena madre.

Mientras descanso en la hamaca y escucho el bramar del mar, el tío Meme bromea conmigo al mismo tiempo que recordamos las aventuras y travesuras de mi infancia. Una en especial quedó grabada en mi mente:

Los hijos de mis tíos son Luis (tenía 15 años entonces), Braulio (12 años) y Manfredo (7 años), yo andaba entre los 8 y 9 años de edad. Braulio era mi compañero de aventuras. Éramos los más aventureros y arriesgados, pero estos dos aventureros eran los encargados de ir a hacer la masa para las tortillas del desayuno todos los días. El molino quedaba como a un kilómetro de la casa, por lo que nos íbamos caminando por toda la playa hasta llegar ahí. Uno de esos días, veníamos de regreso con la masa y por el camino pasamos a comprar media docena de huevos a la tienda de don Manuel, quien en otra ocasión nos contrataría como acarreadores de sandías. Los tíos nos habían advertido que no nos subiéramos a los vehículos de desconocidos ya que por ese entonces en el lugar se había difundido mucho el rumor de los temibles "robachicos", pero nosotros, al ver que cerca de la tienda pasaba un señor como de 50 años de edad manejando un viejo pickup, le pedimos jalón sabedores que pasaría frente a la casa. El chofer paró su viejo vehículo y nos subimos rápidamente a la palangana y nos agarramos fuertemente de la baranda porque el camino era un poco irregular, pues era de una mezcla de tierra y arena con hundimientos aquí y allá.

Cuando íbamos a unos metros de la casa, empezamos a gritarle al chofer y golpear la cabina para que parara pero no paró, quizás porque no quiso o porque el ruido del motor no lo dejaba escuchar el escándalo que nosotros hacíamos. Pasamos la casa y ya en la desesperación, teniendo en mente al robachicos, decidimos tirarnos del vehículo que para nuestra suerte no iba muy rápido. Ahí en la parte trasera de la palangana Rambo y Terminator se preparaban para lanzarse de un vehículo en movimiento, uno con un caso de masa y otro con media docena de huevos... Pun... cataplún... rodamos..., miramos como el vehículo se aleja..., el chofer no advierte que nos hemos tirado de la palangana... Nos levantamos y sacudimos la ropa y el pelo, miramos la masa desparramada en la arena, unos cuantos huevos no se habían salido de la bolsa, pero adentro formaron una mezcla de yemas, clara y cáscara. Con los restos de lo que debía ser la mayor parte del desayuno nos dirigimos a la casa donde nos esperaba gente con hambre y a quienes no les gustaría la noticia; por supuesto no nos quedaríamos sin nuestra chicotiada, que nos dijeron que era para que se nos quitara el susto, aunque quedarme con el susto hubiera sido mi elección si nos hubieran preguntado.

Ahhh..., los viejos tiempos...

Después de charlar un rato con los tíos y mi mamá, me dirigí a visitar a un viejo amigo, el mar. El mar me trae tantos recuerdos, su inmensidad te pasma y sus olas bañando la playa me quedaron impregnadas en la memoria. A pesar del fuerte sol, el aire es tan fresco que te animas a llenar al máximo los pulmones y disfrutar su frescura a tal grado que sientes como si refrescara tu alma.

La playa es inmensa, kilómetros de playa...




Ahí sentado en la playa viendo el mar, con los pies enterrados parcialmente en la arena, un poco de nostalgia invade mi alma; vuelvo a vivir los recuerdos de mi niñez en esa playa y hacen que en mi imaginación vea al niño que fuí correteando y riéndose a mi alrededor... Mi vista se pierde en el horizonte que se torna rojizo, pues la tarde empieza a volverse noche..., una sonrisa se asoma en mi rostro mientras siento la brisa que me hace sentir como si el mar también estuviera contento de verme.

De Las Trozas partí hacia Petén cuando tenía 10 años de edad, el departamento de las selvas, selvas que echarían raíces en mi corazón.

Estuve un par de días compartiendo con los tíos y mi mamá; pero era momento de regresar a la ciudad capital, ahí donde la vida es tan diferente y unos días después regresaría a Petén, a casa, con la maleta llena de nuevos buenos recuerdos...

domingo, 14 de febrero de 2010

Punta Nimá

Imagínate que por curiosidad decides ir a explorar. Decides viajar en motocicleta rumbo a San Miguel, por lo que al llegar al kilómetro 8 ruta a Tikal, te desvías. Después de un rato llegas a la entrada del Zoológico Petencito, un lugar hermoso, en el que puedes conocer fauna de nuestro bello departamento. Continúas un par de kilómetros y ante tus ojos aparecen dos caminos, el principal te conducirá hacia San Miguel, pero el que se encuentra a la derecha, te lleva rumbo a varias fincas al norte de donde te encuentras. Como todo buen aventurero tomas el camino menos transitado...la motocicleta tiene que esquivar las irregularidades del camino, pero continúas con la emoción de encontrar algo diferente.

Tu camino continúa hacia el norte...al norte...al norte, sabes que tendrás que ir a parar a orillas del hermoso lago Petén Itzá, no hay de otra.

Después de un buen rato de camino, empiezas a pensar que estás perdido, pero cuando tu compañero te pregunta si vamos bien, con fingida confianza le dices "si claro, vamos bien", mientras sonríes disfrutando de un camino que no conocías.

A la distancia puede verse una casa a orillas del camino, en realidad, te estás moviendo entre fincas, ¡quien sabe de quien!, pero bueno, eres un aventurero y mientras no se escuche el sonido de una escopeta, supones que todo está bien.

Pasas cerca de la casa, continúas como un kilómetro...llegas a una puerta, con un rótulo bastante molesto: "Propiedad Privada, Prohibido el paso", una gruesa cadena y un candado se aseguran de que el rótulo se respete.

Por un momento piensas que tu viaje rumbo al norte ha llegado hasta ahí, pero el espíritu aventurero que se revuelve en tu pecho te pregunta ¿de verdad vamos a llegar hasta aquí? a lo que respondes lo mejor que puedes responderle, "Claro que no".

Debido a que cuando buscas una respuesta, es común encontrarla, pudimos ver que a la par de la puerta cerrada con cadena y candado había otra finca sin puerta, por lo que decidimos con el otro compañero, continuar nuestro viaje hacia el norte, hacia el lago...

El camino de ahí en adelante, es peor de lo que te imaginas, pero está bien para una moto todo terreno. Un tronco por acá...pasas encima de unas ramas...un hundimiento adelante...rebotas en la moto, mientras te ríes, por lo cómico de la escena...solo a tí se te ocurre transitar por ese camino, pero sigues hacia el norte...de repente vez caminos de leñadores que puedes ver que se dirigen hacia el norte... Lógico, te desvías de la ruta principal y tomas uno de esos caminos de leñadores...el suelo está cubierto de hojas y tienes que ir bajando la cabeza por las ramas que están a baja altura...desembocas en un espacio rodeado, como es natural de árboles, pero curiosamente de palmeras, si palmeras, pero no nativas de Petén, por lo que piensas, ¡Vaya, no soy el primero por estos lugares!, ves una casa hecha de tablas, pero que no es habitada por nadie. Al otro lado de la entrada ves un claro, sabes de que se trata...es el lago, el hermoso lago Petén Itzá y ¡vaya que es hermoso por ese lado!

Lo curioso es que te imaginas que cuando llegues al lago, verás como los árboles desaparecen y empieza una hermosa playa, bueno te encuentras con una gran sorpresa, pues al desaparecer los árboles empieza una especie de maleza que se desarrolla en la orilla, como lo ves en la foto de abajo:


La entrada no es, podríamos decir, para "amantes de las playas", es terrible, pero por otro lado, sabes que es la orilla natural del lago y disfrutas de eso también. No haz llegado hasta ahí para retractarte, así que, bueno, a cruzar la maleza rumbo al lago. Lo mejor es dejar el vehículo lo más cerca posible, ya que el lugar es muy desolado, así que dos quijotes dejaron el seco caballo cerca de la entrada del lago.

Me aventuré primero en la maleza, mientras mi primo, el otro quijote, esperaba las buenas o malas noticias. El camino hacia la playa es bastante lodoso y entre una maleza que ya otros aventureros han hecho a un lado, por lo que no es tan inaccesible, además de ver el lago al fondo que te llama...te llama...te llama.
Después de caminar por unos 25 metros por la maleza y el lodo, puedes ver como la maleza desaparece y empieza la playa.


La playa con que te encuentras es espectacular, para el momento en que sales de la maleza, ya el agua te llega a las rodillas, te quedas perplejo de lo que tienes enfrente, ahí delante de tí están las mejores playas del lago Petén Itzá y la gente ni sabe. Gracias a Dios que los hoteleros no se han enterado y las han arrebatado como propias dejando a la mayor parte de la población sin acceso a ellas, como sucede en San Andrés, San José y parte de Flores. Además ellos destruirían el ecosistema de la orilla con rellenos o cortando la maleza.

La playa es tan grande que puedes caminar como 50 metros adentro con el agua al pecho, bueno, depende de tu altura, pero tienes la impresión de que te encuentras en una enorme piscina con el fondo de tierra blanca firme y de un agua clara de color verde tierno. En cuanto al largo, la playa es enorme, kilómetros de playa. Nosotros recorrimos como 2 kilómetros a lo largo de la playa para comprobar la calidad de la misma, fue genial. Dejo unas fotos que saqué para que tengan una idea. En una de ellas, mi primo se encuentra lejos, le pedí que levantara las manos para que vieran que estaba parado sobre el suelo.

A continuación la imagen donde se ve mi primo a lo lejos, apenas puede verse en el centro de la foto por la distancia, pero puedes hacer clic en la imagen para verla en tamaño completo.
La siguiente foto te da una idea de que tan lejos llegas de la orilla caminando:


Caminé a lo largo de la playa tan encantado por su belleza natural que me dije "Este lugar debería ser protegido", por lo que mientras caminaba pensaba en como pedir que se haga una reserva del lugar, con el objeto de que se preserve y a la vez sea accesible a la mayor parte de la población. Por otra parte pensé en no decir nada, para que los demás no se enteraran y por la cantidad de visitas el lugar fuera destruido, pero con lo cercana que está la población al lugar, su destrucción es segura en, calculo, 10 años, por lo que considero mejor adelantarse creando una reserva, lógicamente el proyecto no será apoyado si la gente no conoce el lugar, de ahí esta publicación.

Posteriormente regresé al lugar y los lancheros me dijeron que su nombre es Punta Nimá y que en años anteriores era una arenera de donde se sacaba mucha arena para la construcción.

Espero que si visitas el lugar seas lo más respetuoso con el ambiente, algo que demostrará también tu grado de cultura, que espero, por el bien del lugar, sea alta.